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Monumenta memoria:
Si nos encontráramos con una elevación de tierra de dos metros de largo por uno de ancho en un bosque, amontonada en forma de pirámide, nos invadiría un sombrío estado de ánimo y una voz dentro de nosotros nos diría, “aquí hay alguien enterrado”. Eso es la arquitectura.  Adolf Loos
Vivimos en un mundo secularizado y tecnológicamente mediatizado, un mundo en el que ideas como real sagrado resultan problemáticas si se las piensa por separado y simplemente sospechosas si se las concibe juntas; como este curso propone bajo la figura del monumento.
Pero, vale la pena el riesgo, es precisamente la naturaleza disruptiva de los sagrado, lo que el monumento le aporta a la realidad como representación. El monumento traduce diferencias, conflictos y anhelos en las formas y los usos en un espacio existencial colectivo.
Sin esta dimensión política lo sagrado queda, reducido a los estereotipos de la contemplación, la espiritualidad y el silencio; o se diluyen en la esfera omnipresente de lo cotidiano.
Durante el segundo semestre vamos a explorar esta discontinuidad en el horizonte de lo cotidiano. Proyectando edificios en los que la emoción y la función se entremezclen. En los que no exista distancia entre abstracción formal y la realidad de su construcción material. Edificios cuyas formas tengan la fuerza intensa de lo excepcional y nos ofrezcan como experiencia el tiempo atento y fugaz de la melancolía en el que vive la memoria.
Proponemos una arquitectura abstracta y política, Una arquitectura de arquetipos capaz de suscitar una experiencia existencial, explorando el orden geométrico de su matriz programática como fuente de su novedad. Una arquitectura que encuentra en la tensión esencial entre forma y sentido la fuerza para construir nuevos paradigmas.
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